La química es un arte "Me lo contaron y lo olvidé, lo vi y lo entendí, lo hice y lo aprendí"

martes, 10 de mayo de 2011

Iniciativa para sumergirse y bucear en un 'mar de química'

Puede la flora y la fauna de los océanos servir como medidor de los contaminantes marinos? ¿Tienen los peces un DNI o pasaporte digital que registra todo lo que les sucede? ¿Cuál es la problemática del estudio de la química marina? ¿Por qué las zonas polares son más sensibles al calentamiento global? ¿Por qué es tan difícil estudiar el mar? ¿Qué papel desempeñan las bacterias en el ciclo del nitrógeno? A éstas y otras muchas preguntas, incluso aquellas que quizá nunca nos hayamos formulado, responde el proyecto divulgativo Un Mar de Química, elaborado por el IMEDEA (centro mixto CSIC-UIB) en el que a través de fotografías, dibujos, textos explicativos y material interactivo acerca a todos los públicos el apasionante mundo de la Oceanografía.
La iniciativa, que se presentó en la pasada edición de la Fira de la Ciencia celebrada en Ibiza, ha aprovechado el Año Internacional de la Química para mostrar el conocimiento científico que se genera en el IMEDEA y los organismos colaboradores, pero el objetivo es que todo este material pueda llegar a los centros educativos, en forma de exposiciones itinerantes. De momento, han creado en una página en Facebook donde pueden consultarse los murales explicativos e información relevante relacionada con este proyecto, al tiempo que formular dudas y dejar comentarios.
«La Química, como las Matemáticas, hay que hacerla llegar a todos los públicos, desde la escuela primaria a las universidades, comenta el químico marino Antonio Tovar, coordinador científico del proyecto, y para lograrlo las investigaciones se han de contar de una forma clara y amena».
«Las aguas que rodean Mallorca, por ejemplo, presentan bajas concentraciones de hierro y fósforo», explica este investigador, «hemos demostrado que su principal aporte proviene de las descargas subterráneas –acuíferos que, generalmente acaban en las playas–. Todas esas aguas van cargadas de nutrientes y arrastran todo tipo de elementos, que cuando se concentran son los responsables de que unas zonas del archipiélago sean más ricas en especies que otras».
La composición química de las aguas subterráneas, continúa, depende del lugar donde se encuentra el acuífero y, también, desde donde descarga; en las zonas con mucha agricultura llevan altos contenidos de nitrógeno y fósforo; en la bahía de Palma, –por el aporte de Ses Fontanelles–, son ricas en hierro; y en algunos lugares turísticos predomina el cobre y el níquel, procedente, en su mayor parte , de las cremas solares y de los productos de higiene personal. Hay áreas en las que se dan procesos de eutrofización (abundancia anormalmente alta de nutrientes), como sucede en las aguas que rodean la ciudad de Palma, y esta circunstancia está relacionada directamente con la carga de los acuíferos del Pla Sant Jordi.
«Mediante la Química podemos diagnosticar y también remediar. En este proyecto, añade Tovar, contamos a través de paneles las campañas en las que participamos, como la actual Expedición Malaspina, o las dificultades técnicas con las que nos encontramos los investigadores dedicados a la Química marina».
¿Sabía usted que todas las mediciones de metales realizadas en el mar anteriores a la década de los 70 son cuestionables? Según explica este científico, para estudiar las concentraciones de metales se iba en barcos –todos de metal– por lo que los resultados no son fiables. Actualmente se emplean las lanchas zodiac, alejadas unas dos millas del barco, también se emplean los torpedos, –un dispositivo que sólo mide hasta 10 metros de profundidad–, pero si se quiere ir a grandes profundidades hay que emplear unos CTD especiales, denominados limpios, –que son no sólo muy costosos, sino que requieren unos protocolos de manipulación muy estrictos–; y para ejemplificar nuestro desconocimiento del océano profundo en lo que a los metales se refiere, este investigador destaca que sólo se han realizado en nuestro planeta 15 medidas de molibdeno a más de 1.000 metros de profundidad. Y es que los dispositivos de este tipo que existen en el mundo casi pueden contarse con los dedos de la mano.

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